domingo, 27 de octubre de 2013

Diagonal

Aquel día, nos reconocimos, tú me viste, no te dejé de ver, volteaste la mirada hacía el horizonte, tus ojos no decían nada, como si ya nada quedaba dentro de ti, como si todo lo que hubo se transformo, distorsiono, desapareció y volvió a aparecer, a veces con amor, a veces con odio, a veces ni siquiera sabías como venía. Esa mirada y el infinito tiempo que pasaba al frente, nos bloqueaba, nos separaba como si fuera una pared que intenté romper, pero no, tu eras más fuerte y pasaste, no pude retenerte, estaba destrozado, solo di unos pasos y le dije a Victor: "hablamos otro día". 
Crucé la calle sin pensar, me tiritaban las piernas, pensé mil veces en llamarte, no quería hacerte daño, pero nunca en la vida había sentido esa fuerza, esas ganas de verte, de solo estar cerca tuyo quizás sin hablar, quizás sin hablar. Te llamé pensando en que no contestarías. Escuché tu voz, la de siempre, la tristona, regalona, la mediofeliznerviosaquemeencanta, y te esperé. Desde ese día te espere, y quizás cuanto tiempo más tenga que esperarte...

Tengo ganas de verte. Más que la última vez.

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